Mi nombre es jardín. Mi lengua, raíz.

Una investigación interdisciplinaria de Gabriel Ledón.

Mi lengua es raíz es una investigación interdisciplinaria que entrelaza arte, territorio y ecología en el sur de Rosarito, Baja California. Surge como una reflexión sobre la transformación del territorio y la pérdida de saberes ligados a las plantas endémicas de Baja California frente al los fenómenos de urbanización turística e inmobiliaria , así como los procesos de desplazamiento —tanto naturales como humanos— que definen la frontera norte de México,

Dirigido por Gabriel Ledón, junto a Carlos Delgado y Érika Sepúlveda, el proceso se desarrolla como una práctica interdisciplinaria colaborativa donde cuerpo, imagen y sonido dialogan con el territorio y sus desplazamientos. A través de caminatas, registros visuales, sonoros y coreográficos, el equipo ha conformado un archivo vivo que documenta la fragilidad de las plantas endémicas y las historias que las rodean: su vínculo con los saberes ancestrales, las lenguas originarias y las comunidades que las nombran. Mi lengua es raíz propone una instalación performativa en desarrollo, un espacio donde el público pueda percibir las correspondencias entre la migración de la naturaleza y la humana, entendiendo que cada planta desarraigada es también una palabra perdida, una memoria que se desvanece del paisaje.

El proyecto apuesta por una mirada sensible a la flora endémica como portadora de memoria y lenguaje: cada planta es un archivo vivo que resguarda saberes medicinales, prácticas comunitarias y nombres en lengua Kumiai. Al desaparecer o ser desplazadas por la expansión inmobiliaria y turística —en su mayoría de capital extranjero—, estas especies pierden su hábitat y arrastran consigo fragmentos de la identidad colectiva, de las lenguas y de los modos de habitar el territorio.

Territorio: Un archivo vivo.

Desarrollamos un proceso de exploración territorial que nos ha permitido acercarnos a la memoria viva del sur de Rosarito. A partir de una residencia de investigación propiciada por la Asociación Baja Rosarito a inicios de 2025, recorrimos la zona registrando el territorio desde distintos lenguajes: la cámara, el sonido, el cuerpo y la palabra.

Buscamos escuchar el territorio, reconocer cómo la naturaleza se transforma ante el avance de los complejos turísticos y cómo, al mismo tiempo, resiste. Durante las caminatas y encuentros con habitantes locales, fuimos tejiendo un archivo de imágenes, sonidos y gestos que dan cuenta de esa tensión entre permanencia y desplazamiento.

Este proceso ha sido también una experiencia de arraigo y diálogo. Carlos Delgado, quien forma parte de la comunidad de la zona, aporta una mirada profundamente vinculada al territorio: conoce sus senderos, su flora y sus historias. Esa cercanía nos permitió construir una relación más ética y sensible con el entorno, registrando no solo lo visible, sino también lo que se escucha, se intuye o se recuerda.

Cada registro se convierte en una forma de traducir la memoria del paisaje. Mi lengua es raíz continúa expandiéndose como un archivo en proceso, un espacio donde el arte se entrelaza con la escucha, la observación y la presencia.

Nuestra metodología busca habitar el territorio desde la escucha y la presencia. Trabajamos directamente en el paisaje, registrando sensaciones, ritmos y relaciones entre cuerpo y entorno, combinando danza, sonido e imagen para construir un lenguaje común que nos conecte con la memoria viva del lugar.

Durante el proceso realizamos mapeos sensibles y coreográficos, donde los recorridos de las plantas y los desplazamientos humanos se transforman en trayectorias corporales. El cuerpo se convierte en instrumento de observación y traducción del territorio, revelando la geografía que se inscribe en los movimientos y gestos.

Los registros sonoros y visuales se entrelazan como capas de un mismo archivo vivo. Erika Sepúlveda explora la resonancia de los elementos naturales —el viento, las hojas, las voces locales— mientras Carlos Delgado, miembro de la comunidad, aporta la mirada visual y el conocimiento íntimo del paisaje. Mi trabajo desde la dirección escénica consiste en articular estos materiales para crear un espacio poético donde cuerpo, imagen y sonido dialogan con la resistencia del territorio.

La creación se entiende como una práctica ecológica, colaborativa y sensible, una forma de pensar, sentir y percibir las transformaciones del entorno, y de imaginar maneras de permanecer y coexistir en un paisaje que cambia constantemente.

A la fecha, nuestro proceso se centra en la documentación de campo, generando un archivo multidimensional que combina registros visuales, sonoros, sociales y coreográficos:

  • Materiales visuales: fotografías, mapas de ubicación de especies y registros documentales de la flora.
  • Materiales sonoros: grabaciones de campo, paisajes sonoros, voces de habitantes locales.
  • Mapeo Social y Coreográfico: entrevistas, recorridos interpretativos, bocetos de movimiento y recopilación de conocimientos ancestrales relacionados con las plantas.

La investigación revela la transformación del paisaje a través de la observación de las plantas endémicas y su vínculo con las formas de vida que las rodean. Cada registro muestra cómo la expansión turística y urbana altera los ecosistemas, modifica los ciclos de crecimiento y fragmenta la memoria del territorio. Este proceso de escucha y documentación se convierte en una práctica sensible que observa el modo en que el paisaje se reconfigura y busca maneras de permanecer.

Archivo visual

El archivo visual documenta plantas endémicas en riesgo, muchas de ellas localizadas en matorrales costeros y zonas altas amenazadas por el desarrollo urbano. Cada registro funciona como un herbario contemporáneo que no solo muestra la especie, sino también la memoria que contiene: su relación con las comunidades locales, su nombre en lengua kumiai y sus usos tradicionales.

Ejemplos de especies registradas:

  • Salvia blanca, planta emblemática de la región, asociada a rituales y usos medicinales.
  • Flor de California, especie endémica de los matorrales costeros, símbolo de la biodiversidad amenazada.
  • Hierba del manso, planta medicinal tradicional utilizada en infusiones y ungüentos por los habitantes de la zona.

Este archivo busca resguardar la memoria viva del territorio a través de la observación y la imagen, reconociendo el valor cultural y ecológico de cada planta.

Archivo y mapeo coreográfico

Como parte de la investigación, creamos mapas de movimiento y rutas coreográficas basadas en la geografía y los ritmos de la flora:

  • Paseos por el campo como gestos performativos: pasos, pausas, interacción con las plantas.
  • Mapeo de zonas de concentración de especies y desplazamiento visible debido a la urbanización.
  • Documentación de la relación entre cuerpo y territorio: cómo el movimiento corporal dialoga con el paisaje natural y social.

Estos mapeos funcionan como material escénico que se activará en la segunda fase del proyecto, transformando los archivos en una instalación performativa donde el cuerpo, la imagen y el sonido se intersecan con la memoria del lugar.

Archivo Sonoro

Los registros sonoros incluyen:

  • Paisajes naturales: viento entre las hojas, olas, sonidos de aves e insectos.
  • Grabaciones de campo: conversaciones con habitantes, relatos de usos medicinales y culturales de la flora.
  • Actividades de caminatas interpretativas: voces de guías, pisadas en el suelo, interacción con el entorno.

Este archivo permite a los visitantes escuchar la memoria del territorio y percibir cómo los desplazamientos de la flora se entrelazan con los desplazamientos humanos y lingüísticos.

Equipo Artístico

Érika Sepúlveda – Diseño Sonoro
Érika Sepúlveda es diseñadora sonora y artista interdisciplinaria, especializada en paisajes sonoros y grabaciones de campo. En este proyecto, captura y diseña audio, transformando grabaciones de flora, viento, agua y voces locales en un archivo sonoro que articula la memoria ecológica y cultural del territorio.

Gabriel Ledón – Dirección y Performance
Gabriel Ledón es artista escénico y sonoro, director de la plataforma de investigación Cuarto Fractal (Tijuana, 2016). Su obra explora la relación entre cuerpo, memoria y territorio, combinando danza contemporánea, performance y diseño sonoro. Lidera la investigación escénica y la activación performativa del archivo, conectando cuerpo y paisaje en diálogo con la memoria cultural de la frontera norte.

Carlos Delgado – Visuales y Performance
Carlos Delgado es un artista visual y performer cuyo trabajo investiga la intersección de la imagen, el cuerpo y el territorio. Documenta la flora endémica y colabora en la creación de rutas performativas que traducen el paisaje natural y social en material visual y escénico, reforzando la narrativa del desplazamiento y la resistencia.

Mi lengua es raíz es un proceso que sigue en movimiento, un territorio en observación constante. Lo que comenzó como un ejercicio de registro se ha transformado en una práctica de encuentro: entre cuerpos, plantas, lenguas y memorias. Cada archivo reúne una manera de mirar y escuchar el entorno, reconociendo las huellas que deja el paso del tiempo y la intervención humana. Más que concluir, el proyecto se expande, proponiendo una experiencia artística que invita a cuidar, recordar y permanecer junto al territorio.